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Define una larga relación de amistad, repleta del amor y el respeto mutuo más absolutos, con una palabra. Cierra los ojos tan solo unos segundos. Y piensa en ese alguien, que puedas conocer o haber conocido en un tramo del camino de la vida, con quien hayas tenido esa conexión. 

La gran mayoría sabemos lo complicado que, dentro de la riqueza de nuestros idiomas y las múltiples palabras que existen, para definir pensamientos y sentimientos con suma precisión, cuando se trata de escoger una sola para describir lo sentido y vivido con otro ser humano, para mí  sería ‘gracias’. 

Me arrodillo ante ti, por puro y sagrado agradecimiento. Por lo aprendido y enseñado el uno al otro. Por dedicarme o haberme dedicado tiempo de tu vida que no recuperarás. Por abrirme tu corazón. Por ofrecerme tu amistad. Por aceptarme tal cual era y soy. Por tanto vivido y compartido. Por tus sonrisas. Por levantarme cuando me he caído y han hecho caer. Por creer en mi lucha social. Por conocer mi bondad y entender mis demonios. Por darnos vida a tantos amigos que no podemos estar a tu lado pero que estamos en contacto permanentemente para saber de ti. Por tu energía. Por ver siempre la luz en la oscuridad. Por tu valentía. Y por tantas vidas que has cambiado. 

Vidas de personas cuidadoras y ex cuidadoras. Vidas de compañeros. Y vidas de familiares y amigos como yo. Gracias por formar parte de mi existencia. Por ser una gran maestra para mi persona. Y por la infinita felicidad que me has infundado. Me estás enseñando hasta el último segundo. Te lo aseguro. Gracias Yasmina. Yo no te olvido. Prometido, a menos que el Alzheimer me juegue una mala pasada. Como no te olvidan todos aquellos que has ayudado incansablemente con apenas recursos o a los que con tu cariño nos has ganado eternamente.

Yasmina García. Presidenta/Fundadora de la ‘Fundación Apoyo Alzheimer de Cartagena de Indias’ en Cartagena de Indias, Colombia. Miembro de pleno derecho de las Asociaciones Federadas deAlzheimer Iberoamérica’ (para los lectores, la organización internacional oficial que engloba a las asociaciones de Alzheimer y otras demencias de los países de habla hispana). Has cambiado el mundo anónimamente. Has tocado almas y rescatado a muchos.

Te quiero. Como amigo. Como hermano. Como hijo adoptivo. Y como Presidente/Fundador de la ‘Fundación Diario De Un Cuidador’. En nombre de las y los cuidadoras, cuidadores, ex cuidadoras y ex cuidadores, a quienes llegan mis palabras y voz, simplemente te damos las ‘gracias’. Hemos compartido confesiones, consejos, risas, llantos y mucha esperanza. Bien guardaditos los tengo. 

Menuda, sin miedo y decidida. Inquieta y activa. Ibas de punta a punta de tu ciudad, para tratar con los cuidadores y enfermos de demencias a domicilio. Con los más vulnerables. Con los que menos medios tenían. Con los abandonados a su suerte. Te pasabas el día sin parar, de hogar a hogar y buscando ayudas para que la Asociación no solo no cerrara, sino que creciera. Por amor. Por vocación. De eso eres un grandísimo ejemplo. Y ahí has seguido sin darte jamás por vencida para mejorar la calidad de vida de tantas y tantos por puro amor y altruismo. 

Nos vimos por última vez un par de veces aquí, en España. En Zaragoza y en Logroño, para ser exactos. Dos ciudades con las que he tenido una relación muy especial de amor y odio. Ya sabes. La vida nos concedió ese regalo: la oportunidad de vernos, abrazarnos, besarnos, reír juntos y poder compartir. Gracias, de nuevo a ti y a la vida por haber cruzado nuestras sendas.

Yasmina García. Madre. Ex Cuidadora. Cuidadora. Mujer humilde. Fuerte. Luchadora. Ejemplar. Divertida. Feliz. Radiante. Y que, además de ser una de mis mayores madrinas dentro del sector institucional del Alzheimer, has sido y eres para mí unos de mis referentes vitales.

Te quiero. Lo repito para que no lo olvides. Siempre tendrás un gran hueco en mi corazón solo para ti. Eres una de las personas más bonitas que he conocido en mi recorrido por este mundo. No estoy junto a ti físicamente pero siempre lo estaré mental y espiritualmente. 

Me arrodillo de nuevo ante ti y beso cada uno de los pasos que has recorrido y recorres. Mi alma saluda a la tuya. Qué tu luz nunca se apague. Sé que nunca lo hará.

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